¡Feliz Año Nuevo!

Esta será la frase más pronunciada y repetida en estas fechas navideñas. Por eso, convendría pararnos a pensar lo que significa.

El Colegio Virgen de Gracia acaba de recibir uno de los reconocimientos más importantes en el mundo de la Educación: El Instituto Docente para la Excelencia y la Innovación (IDEI), cuya misión consiste en promover la mejora de la Educación a través de la excelencia, la innovación y la inclusión en todos los niveles educativos, dentro y fuera del territorio español, y en todo tipo de Centros, nos ha otorgado el certificado de 500+, la máxima distinción del modelo de calidad EFQM.

Esta ocasión me lleva de la mano a reflexionar con vosotros sobre la actitud de cambio y renovación en todos los aspectos de nuestra vida.

El camino hacia la excelencia es un camino evangélico: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”  (Mat. 5, 48); pero el versículo 48 viene tras el 47 y los dos unidos nos ofrecen un rayo de luz que ilumina nuestra vida, a veces, rutinaria y estancada: …47“Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis más que otros? ¿No hacen también lo mismo los gentiles? 48Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.

La perfección que se nos pide, a pesar de que parezca algo imposible de lograr, es realmente factible. No obstante, debemos tener muy claro que en nuestra vida, a través del tiempo, nunca alcanzaremos esa Meta Final, que solo se hará realidad en la Eternidad. Podemos, y deberíamos, dirigir nuestros esfuerzos hacia esa meta, mientras vivimos, y esforzarnos con todo nuestro corazón a la vez que pedimos ayuda a Dios para lograrlo.

La perfección cristiana tiene una sola referencia: el Padre celestial. Lo demás es relativo. Los santos son modelos…, aun con sus defectos; han sido santos pese a ellos, como nosotros podemos serlo, pese a nuestras limitaciones y caídas.

Jesús nos indica que vayamos directamente al Padre. “¿Por qué me llamas bueno?”, dijo Jesús en otra ocasión a un joven que se le acercó, “No hay nadie bueno más que Dios” (Mc 10,18).

Sería bello que, en cualquier momento de estas vacaciones, manifestemos: “Padre, tú eres esa bondad de mi vida en la que yo quiero vivir y a la que yo quiero aspirar desde todas las fibras de mi ser”.

No nos santifican nuestras victorias y conquistas, hemos de renovar nuestra firme decisión de superarnos; nos hace perfectos un Padre que nos envuelve con su santidad.

San Lucas expresa el mismo contenido así: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36). La misericordia es lo único que podemos imitar de Dios. El amor es lo único que nos diviniza y nos asimila a Él. Y, al decir “Sed perfectos” o “Sed misericordiosos”, estamos dentro del mismo abismo de belleza de ese Dios que es nuestra felicidad.

Nuestra vida es una encrucijada entre dos antítesis: “Ojo por ojo, diente por diente” y “Amad a vuestros enemigos”.

Que el Año Nuevo nos conceda el deseo de caminar hacia la EXCELENCIA.

Mª Pilar Seoane Sánchez

Directora

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