LIBERTAD DE ENSEÑANZA (TAMBIÉN DE LA RELIGIÓN)

Me gustaría manifestar mi opinión, como docente y padre, respecto a esta cuestión que, por desgracia, está tan de actualidad:

La libertad de enseñanza, un derecho constitucional (Artículo 27), es laúnica forma de atender la gran pluralidad y riqueza socialque existe en nuestro país, cuestión ineludible en un sistema democrático. Pues bien, parece que quienes se autoproclaman adalides de la democracia, las libertades y los derechos se quieren quedar exclusivamente con lo que les conviene a ellos, atacando, una vez más, a los muchos católicos que hay en España e impidiéndoles, ahora, cursar la materia de Religión.

Además, esta libertad es la única manera de garantizar la formación integral de las personas (todos poseemos una dimensión espiritual o trascendente o como se denomine) a la que aluden las múltiples leyes educativas que se promulgan en nuestro país (tres orgánicas en los últimos quince años, casi a una por legislatura). Sin embargo, no es tal al intentar prescindir, precisamente, de esa vertiente espiritual inherente y esencial al ser humano o, lo que es peor, sustituirla por otra formación vacía de toda perspectiva sobrenatural e imprecisa en sus contenidos.

La enseñanza concertada confesional, una de las muchas opciones de las que se dispone, responde a la demanda de una parte importante de nuestra sociedad y trabaja para proporcionar esa educación total y armoniosa, por lo que se debe cuidar y no rechazar o tratar de eliminar casi obsesivamente. Conviene que se den cuenta de que, con arremeter continuamente contra nuestras raíces, lo único que se está generando es una cultura de la violencia, la intransigencia, la división… (basta echar una mirada a los acontecimientos de los últimos tiempos: Cataluña, violencia de género, acoso escolar…). Nuestras raíces cristianas y los valores evangélicos, se sea creyente o no, defienden, promueven y ayudan a crear un mundo mejor y más justo.

La enseñanza de la Religión no solo favorece el entender nuestra cultura, nuestro arte, nuestras costumbres… y los llena de sentido, sino que es tan válida como la que aspiran a establecer en su lugar. ¿Pero, no hablan tanto de libertad y de derechos? Luego, quiero tener el derecho a que mis hijos estudien Religión, igual que considero válido que otros opten por una Alternativa o bien otra Religión diferente. Y también quiero tener derecho a elegir el tipo de centro que deseo. Si no, ¿a qué queda reducida la libertad de elección y de enseñanza?

El hecho de que la enseñanza confesional esté sostenida con fondos públicos es, precisamente, la garantía para que todo el mundo que lo desee pueda acceder a ella. ¿No se defiende siempre la igualdad de oportunidades para todos? Por consiguiente, debe demostrarse con hechos y no simplemente de palabra: dejen ya de atacar a la Enseñanza Concertada y a la Religión; fomenten, realmente, la libertad de enseñanza de todas las opciones y no solo de las que a ustedes les interesan.¿O va a resultar que la tolerancia es para todo menos para aquellos que son católicos por el mero hecho de serlo?

La implantación de la escuela pública única (sin enseñanza de Religión alguna ni alternativa), que preconizan en lugar de la pluralidad actual, consigue justamente todo lo contrario de lo que supuestamente se busca y se predica. Excluye a todos los que se inclinan por la Religión católica y, aunque les pese, son muchos en este país. Los van a segregar en pro de qué: ¿de la libertad, de la igualdad de oportunidades… o del adoctrinamiento del Estado (del cual contamos con ejemplos, no lejanos en el tiempo, de a dónde conduce y de sus consecuencias tan nefastas)? ¿No critican tanto la unión Iglesia-Estado tan patente en su momento? Entonces, ¿no pretenden hacer lo mismo, pero en sentido inverso? Si tan negativo fue lo otro, igual lo será el planteamiento que se procura imponer en nuestros días.

No luchen más contra fantasmas pasados y empiecen a construir el futuro plural de este maravilloso país; edifiquen sumando y no restando permanentemente todo cuanto no coincide con su idea de la vida. Recuerden que es una posibilidad, tan respetable como la suya, de la que me confieso un firme defensor junto a otras muchas personas.

José Gallegos Fernández

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