Adviento 2018

«[…] Quien, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne,

realizó el plan de redención trazado desde antiguo

y nos abrió el camino de la salvación eterna,

para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria,

revelando así la plenitud de su obra,

podamos recibir los bienes prometidos

que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar […]»

En estos días escucharemos con frecuencia esta sublime oración en la Eucaristía. Pertenece al Prefacio de Adviento y está llena de alusiones que pueden iluminarnos estas semanas.

En primer lugar, conmemora la fidelidad de Dios: no hemos sido abandonados. Cuando el pecado abundó, el amor de Dios sobreabundó. La alianza de Dios con los hombres no acabó en el monte Sinaí, sino que se nos ofrece, una y otra vez, de manera gratuita. Dios, un padre bueno y fiel, mantiene su promesa: nuestra historia, si queremos, es una historia maravillosa de salvación. «Si somos infieles, él permanece fiel porque no puede negarse a sí mismo» (2 Ti 2, 13).

En segundo lugar, nos recuerda la segunda venida de Cristo, que anhelamos y por la que oramos todo el año en la Eucaristía: «ven Señor Jesús». No podemos dormirnos, debemos tener los ojos abiertos a nuestro mundo y ser capaces de mirar aquello «que es invisible a los ojos». Sin embargo, no nos acomodemos en contemplación; hemos de actuar. Estamos llamados a ser constructores del reino de Dios, obreros de la viña, y la viña es lo que hay a nuestro alrededor: nuestro trabajo, nuestra familia, nuestra clase, nuestros amigos, nuestros grupos… ¡Un panorama de trabajo inmenso! ¿Qué vamos a hacer?

En tercer lugar, nos habla de esperanza. ¿Acaso se puede vivir sin ella? Se nos ha prometido la vida eterna, una vida que nació en nuestro bautismo y que acontece ahora, ya, hoy, en este lugar. Ningún sufrimientos es vano, tampoco ninguna alegría es ajena a esta nueva vida. Seguir los pasos de Jesús nos llevará por caminos desconocidos en los que encontraremos amigos y soledad, aceptación y rechazo, alegría y llanto… ¡Y nos espera la mejor parte! «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman» (1 Co 2, 9).

Ojalá los villancicos, la iluminación de las calles o la decoración de los comercios nos ayuden a darnos cuenta de nuestra esperanza y nos muevan a permanecer vigilantes. El Adviento es un tiempo precioso para que brille especialmente nuestra luz. Dejemos que nos cale, manifestémoslo con humildad y con fortaleza en forma de oración y obras buenas con los que más lo necesitan.

Equipo de Evangelización

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