ES TIEMPO DE ADVIENTO

Los cristianos contemplamos los misterios de la vida de Jesús a lo largo del año natural según el «calendario litúrgico». Acabamos de celebrar el  1er domingo de Adviento, que da comienzo a un tiempo especial previo a la Navidad. Las lecturas de la Eucaristía de ese día se inauguran con una petición del profeta Isaías: «¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!» (Is 63, 29), petición que se cumple en el Evangelio del día de Navidad: «… y el verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1, 14).

La Iglesia nos invita a vivir estas cuatro semanas como tiempo de espera: espera-memoria de la primera y humilde venida del Salvador, y espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo. También se nos propone vivir el Adviento como tiempo de conversión y de esperanza, ya iniciada, que camina hacia su madurez y plenitud. Es el tiempo de dejar a Dios entrar y habitar en nuestros corazones.

Desde los primeros tiempos del cristianismo, el Adviento estaba cargado de notas de índole social, como aparece en uno de los sermones de San Máximo de Turín (S. V):

…queridos hermanos, aquellos que esperamos el nacimiento del Señor, limpiémonos de cualquier resto de pecado. Dejémonos llenar con sus dones, de manera que cuando llegue el día santo, nosotros seamos capaces de acoger a los extranjeros, cuidar a las viudas y vestir al pobre. (Máximo de Turín, Homilía 60, 3-4)

Por eso, este año hemos querido volver a unir el Adviento con la Campaña de Recogida de Alimentos. Así queremos acercarnos a la conversión que nos pide Dios. La verdadera conversión no nace «de fuera», sino de «lo de dentro». Queremos cambiar nuestro corazón para que sea menos exigente y más agradecido; para que abandone la estrechez del egoísmo y se abra a la amplitud de la entrega y de la generosidad; para que, valiente, abandone las comodidades y el confort individualista, y sea capaz de salir a la misión. Solo un corazón desprendido, grande, valiente y libre puede hacer latir el corazón del mundo.

La Campaña de Recogida de Alimentos tiene unos destinatarios muy concretos. Con un sencillo gesto, podemos contribuir a calmar el hambre y las necesidades de muchas familias; y, sobre todo, darles la certeza de que son importantes, ¡infinitamente dignos!, y de que hay alguien que se preocupa por ellos.

Que las luces que vemos en nuestras calles, los villancicos, la decoración… todo eso sea signo de la esperanza ante la venida del Señor. Que todo eso nos lleve a estar alegres y a pensar en los pobres, en los que están tristes, desesperados, perseguidos o en los que están solos…, y a saber regalarles nuestro tiempo, apoyo, compañía, ayuda, sonrisa o dinero, para que todos podamos llegar a la Navidad con una gran sonrisa y un corazón generoso, grande y renovado.

Equipo de Evangelización

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