LA LENGUA Y LITERATURA EN LA ENSEÑANZA

La lengua junto con las matemáticas, áreas troncales de la enseñanza, son fundamentales en los primeros tres años de vida. Si, a partir de esta edad, el lenguaje no está lo suficientemente desarrollado, el  niño se convierte en un firme candidato a tener problemas de aprendizaje en el colegio.

En la etapa infantil, de los tres a los cinco años, va adquiriendo una gran riqueza de vocabulario. Cada vez se siente más capacitado para formar frases complejas y exige respuestas a los múltiples interrogantes que se le plantean. Tras esta evolución en la  expresión oral, se necesita estimular el recitado de poesías, adivinanzas y trabalenguas a la par que se ejercita en la psicomotricidad fina.

Durante la primaria, el alumno experimenta un gran salto cuantitativo y cualitativo en su evolución lingüística. Se abre al mundo exterior, se interesa por cuanto lo rodea, sus iguales ocupan su principal interés y los padres pasan a un segundo plano. Interacciona y va dominando los tiempos verbales, las estructuras variadas y la lectoescritura. Conviene que interiorice una serie de valores como el esfuerzo, el trabajo, la responsabilidad, el respeto, la puntualidad, el orden, el gusto por lo bien hecho, el saber estar…, que le faciliten herramientas para hacer frente a las etapas que lo esperan en el futuro. Por ello, la misión primordial de las familias y los maestros debe incidir en proporcionarle estrategias que le allanen su porvenir y lo ayuden a crear una sociedad próspera y saludable.

Nunca, como hoy, ha existido tal cantidad y variedad de textos y libros de todo tipo para todas las edades. Sin embargo, también es cierto que nunca se ha tenido el auge tecnológico que hay ahora. Crear en el niño hábitos lectores ha resultado siempre una tarea difícil; aunque, en la actualidad, quizás lo sea más. Cuesta bastante ponerse a leer rodeado de medios audiovisuales. Ese es nuestro reto: conseguir el gusto por la lectura a tempranas edades, con el fin de que adquieran las distintas competencias.

En definitiva, la lectura, como parte esencial de la lengua, redunda, por un lado, en la madurez de los escolares; por otro, aumenta su capacidad de comprender y resolver situaciones de toda índole. Ya decía Cervantes, en boca de D. Quijote, que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.

Alfredo Granados, maestro de Primaria.

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