TIEMPO DE CUARESMA

Ya ha comenzado la Cuaresma, un tiempo en el que la Iglesia nos propone caer en la cuenta de que necesitamos convertirnos. Pero, ¿qué significa convertirse? Convertirse  es volver  a poner  nuestra vida en manos de Dios; Él  con su misericordia tiene poder para cambiar  nuestro corazón. Jesús es ese amigo fiel que no nos abandona. Incluso aunque nosotros no queramos saber nada, Él nos espera con paciencia.

El Papa Francisco, en  el mensaje para la cuaresma del 2018, nos  invita a reflexionar sobre aquellas palabras de Jesús en el mensaje escatológico del final del evangelio según Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12).

En primer lugar, el Papa nos habla de los falsos profetas, esos «encantadores de serpientes» y «charlatanes» que se aprovechan de los sentimientos y las emociones humanas para ofrecer soluciones inmediatas y placeres instantáneos para los sufrimientos de nuestra vida. Son las trampas en las que muchos caemos casi sin darnos cuenta, abandonando aquello que nos hace verdaderamente humanos: la dignidad de cada persona, la libertad y la capacidad de amar. Como siempre, se nos invita al discernimiento para saber distinguir lo efímero de lo duradero, lo profundo de lo superficial, lo bueno, lo humano y lo que viene de Dios.

El enfriamiento de la caridad es el segundo tema que el Papa nos propone para nuestra reflexión: debemos prestar especial atención a lo que late en nuestro corazón. Las ocupaciones, la búsqueda desmesurada del éxito o los intereses personales pueden hacer que veamos a los demás como obstáculos para nuestros intereses: nuestros mayores, los enfermos, el extranjero y, en definitiva, el prójimo que espera un gesto, una palabra, una sonrisa o, sencillamente, que le regalemos nuestro tiempo. Esto también se extiende a la cultura del deshecho que hace que nos olvidemos también del cuidado de nuestro planeta.

Como siempre, la Iglesia nos propone en Cuaresma tres poderosas armas para nuestra conversión: la oración, el ejercicio de la limosna y el ayuno. Si nuestro corazón se apaga, el de Dios, no; siempre nos da una nueva oportunidad para poder empezar de nuevo.

Que el Espíritu Santo nos guíe para realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de este tiempo de Cuaresma. Que lleguemos así preparados a la Pascua, en la que con el encendido del cirio pascual pediremos «que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu».

¡Preparemos nuestros corazones! Feliz Cuaresma.

Equipo de Evangelización

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